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Desde VIBA SEGURIDAD alertan de que buena parte de estos espacios en toda España y en Extremadura también continúan funcionando con una «seguridad vintage»: infraestructuras de vigilancia diseñadas hace décadas y poco adaptadas a los riesgos actuales
El reciente robo producido en el Museo Arqueológico Provincial de Badajoz ha vuelto a poner el foco sobre una realidad que preocupa desde hace años a expertos en seguridad y conservación: el auge del llamado «expolio silencioso», una amenaza cada vez más frecuente que combina robos planificados, pequeños hurtos, accesos no autorizados y actos vandálicos difíciles de detectar a corto plazo.
En España ya en los años 70 se creó en la Guardia Civil unidades especializadas en la protección patrimonial tras detectar un considerable incremento en robos de bienes culturales, especialmente iglesias, centros religiosos y espacios históricos. La amenaza, lejos de desaparecer, se ha sofisticado. Solo en 2025, la Policía Nacional desarticuló una trama dedicada al expolio y venta ilegal de piezas arqueológicas con más de 3.200 objetos históricos intervenidos —entre ellos monedas, fíbulas, lucernas y piezas romanas— procedentes presuntamente de yacimientos arqueológicos.
«Extremadura- señala Nuño Azcona, Director de General de VIBA Seguridad- es uno de los grandes tesoros patrimoniales de España. Merida, Caceres y Badajoz concentran algunos de los enclaves históricos más relevantes de nuestro país. Por ello, deben aumentar su seguridad ya que su gran riqueza monumental y arqueológica es única. Los delincuentes ya no actúan como hace veinte años. Hoy hablamos de robos planificados, grupos organizados, monitorización previa de instalaciones y capacidad para colocar piezas robadas en mercados internacionales en cuestión de horas. Muchos espacios patrimoniales siguen funcionando con sistemas pensados para amenazas del pasado».
«Seguridad vintage» y «museos con falta de recursos»: los nuevos riesgos del patrimonio histórico
Desde VIBA SEGURIDAD alertan de que buena parte de estos espacios en toda España y en Extremadura también continúan funcionando con una «seguridad vintage»: infraestructuras de vigilancia diseñadas hace décadas y poco adaptadas a los riesgos actuales.
Los expertos indican además de la existencia de «museos con falta de recursos»: espacios culturales abiertos al público, pero protegidos todavía con cámaras sin innovaciones, sistemas no conectados entre sí o modelos de vigilancia excesivamente dependientes de supervisión manual.
A ello se suma otra dificultad añadida: las propias limitaciones arquitectónicas de muchos edificios históricos, que complican la implantación de sistemas convencionales de seguridad sin afectar a la conservación o estética patrimonial.
El auge del «blindaje invisible»
«Hoy el reto no es solo proteger las piezas más valiosas. También hablamos de prevenir intrusiones fuera de horario, accesos no autorizados, daños accidentales o actos vandálicos que pueden generar pérdidas irreparables para el patrimonio histórico», añaden desde la compañía.
Frente a ello, el sector apuesta cada vez más por el denominado «blindaje invisible»: soluciones capaces de integrar videovigilancia inteligente, inteligencia artificial aplicada a detección de comportamientos sospechosos, control de accesos, sensores anti-intrusión, protección perimetral y monitorización remota 24/7 sin alterar la estética ni la conservación de los edificios históricos.
La combinación entre tecnología avanzada, vigilancia especializada y protección patrimonial se ha convertido ya en una de las grandes prioridades para museos, instituciones culturales y administraciones públicas ante un fenómeno que evoluciona al mismo ritmo que lo hacen las amenazas.








