Header Ad

Categorías

Publicaciones más vistas

Las virtudes de la magnetoterapia

 Las virtudes de la magnetoterapia

- Tiempo de lectura para este artículo: 5 minutos

¿Qué es la magnetoterapia?

La magnetoterapia se basa en el uso de un campo magnético para aliviar el dolor. El principio es utilizar las propiedades antiinflamatorias y analgésicas de los imanes. En este sentido, debe entenderse que la magnetoterapia tiene como objetivo calmar el dolor.

Perteneciente a las prácticas de la medicina alternativa, la magnetoterapia se está haciendo cada vez más popular y actualmente, muchas personas lo utilizan: desde deportistas aficionados y profesionales, hasta personas mayores para aliviar sus articulaciones, y personas que buscan alternativas o complementos a la medicina convencional para aliviar el dolor.


¿Cómo funciona la magnetoterapia?

¿Cómo funciona la magnetoterapia?

La magnetoterapia requiere el uso de un imán terapéutico (o varios si la zona a tratar es grande). El imán se coloca con la polaridad apropiada Norte o Sur para calmar el dolor. Por lo tanto, el imán debe aplicarse en la zona a tratar poniéndolo en contacto directo con la piel.

El campo magnético creado estimulará la sangre y las células. Así, la sangre creará microcorrientes que ionizarán las células. Estos, a su vez, capturarán la información sobre el dolor y promoverán la secreción de endorfina, una hormona que reduce la sensación de dolor. Por eso el paciente se siente aliviado.


Historia y usos antiguos del magnetismo

Desde la antigüedad y entre los tiempos más remoto, la magnetoterapia se ha utilizado para tratar una amplia variedad de enfermedades.

El rastro del uso del magnetismo más antiguo se encuentra en África, donde se ha encontrado una antigua mina de magnetita de más de cien mil años de antigüedad. Parece que la magnetita fue molida allí para hacer pociones y aplicaciones locales. En Occidente, Aristóteles (siglo IV a.C.) es quizás el primero en haber dejado un registro de este uso.

Todos los organismos que viven en la Tierra están sujetos a efluvios magnéticos terrestres y cósmicos. Algunas especies incluso las perciben conscientemente para poder orientarse; por ejemplo, las aves migratorias viajan miles de kilómetros y luego regresan a su región de origen exacta. El hombre primitivo debe, en nuestra opinión, haber tenido un verdadero sentido de receptividad al magnetismo.

Esta hipótesis explicaría la implantación de menhires en lugares que el magnetómetro moderno revela como lugares magnéticamente inusuales. Además, el uso mayoritario de granito, a veces transportado a lo largo de cientos de kilómetros para erigir menhires, acentúa esta particularidad local de manera sorprendente porque esta roca es ligeramente magnética (paramagnética). ¿Percibió el hombre del Neolítico algo en estos lugares en particular?

El famoso caso de Gaspar Hauser, un niño hallado en estado salvaje en el siglo XIX, puede hacernos suponer que sí. De hecho, parece que no sólo era sensible a un imán que se le acercaba, sino que sus reacciones variaban dependiendo de si era el Polo Sur o el Polo Norte.

Además, muchas de las leyendas megalíticas que han llegado hasta nosotros nos dicen que los menhires estaban destinados a curar enfermedades. El historiador del siglo XII Geoffrey de Monmouth: «en estas piedras hay un misterio y… virtudes para el arte de la curación«.

El hecho de que la magnetoterapia, el uso curativo de los imanes, se conozca desde la antigüedad es plausible, ya que los arqueólogos han encontrado rastros de objetos magnetizados en Egipto, India, Mesopotamia y Sudamérica.

En este sentido, todas las técnicas modernas de cuidado, conocidas como terapias, deberían inspirarse en la sabiduría antigua, como parece invitar el término “terapia”, ya que esta palabra proviene del griego therapeuin que significa “curar haciendo el trabajo de los dioses”.

Terapia por el imán, de la palabra griega magnesio que significa «de Magnesia«. Esta raíz ha dado magner en inglés, que significa «imán«. En cuanto a los franceses, «aimant» viene del latín adamantetn = acero, que se convirtió en adamant.

Según otras fuentes, la palabra aimant sería una de las formas del verbo aimer, por su amor al hierro. Los chinos lo llaman Tsuchy, que significa «quien ama«.


Influencias del magnetismo en la vida

La medicina actual es muy joven: unas pocas décadas frente a 3.000 años para, por ejemplo, la medicina tradicional india y china, que por cierto, ambas utilizan los imanes para realizar cuidados.

Al magnetismo siempre se le han atribuido poderes especiales. Se dice que Cleopatra (50 a.C.), famosa por su gran belleza y encanto, se acostaba con imanes en la frente para conservar su belleza; Alejandro de Tralles, un médico griego del siglo VI, abogó por los imanes para los dolores articulares; en la Edad Media los imanes se utilizaban para quitar las astillas de metal de las heridas ; en el siglo XVIII Weber los preconizó en la oftalmología; y Mozart incluso celebró la acción beneficiosa de los imanes en su ópera Cosi fan tutte.

También en el siglo XVIII, el famoso magnetista Anton Mesmer dijo que aumentó su magnetismo «animal» al sentarse en una silla llena de imanes cada mañana. De la misma manera, hizo que sus pacientes tragaran un polvo ferruginoso y luego les puso un imán en el estómago y las piernas.

En el siglo XIX, Eydam publicó la obra: Aplicación al cuerpo humano de un campo magnético con fines terapéuticos y Maggiorani informó sobre los efectos en la diabetes.

En la Pitié y el Hôtel-Dieu de París, nos dicen que el alemán Keil emprendió con éxito una cura para los epilépticos, los paralíticos y los reumáticos. Charcot y el clínico ruso Botkin notaron el efecto tranquilizante del magnetismo en el sistema nervioso.

En el siglo XX, el Papa Pío XI fue tratado con el emisor de campo del investigador francés Georges Lakhovsky. Los importantes avances en este campo se aceleraron repentinamente en la década de 1960 con la aparición de la conquista del espacio y la “biología espacial«.

Finalmente, además de los ya mencionados, los textos nos han dejado el rastro de los estudios realizados sobre este tema por Hipócrates, Galien, Paracelso, Ambroise Paré, Laënnec y Pasteur.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies